Trabajo desde la intuición y el cuerpo, entendiendo la pintura como un espacio de colaboración más que de control. Coloco el lienzo en el suelo para permitir que fuerzas externas como la gravedad, la superficie y el comportamiento de los materiales participen activamente en el proceso.

Me interesa esa tensión entre lo que intento dirigir y lo que el propio proceso transforma. En ese diálogo entre intención y entrega encuentro el lenguaje central de mi trabajo.

Entiendo la pintura como un espacio donde el control se negocia constantemente con lo inesperado. Cada obra surge tanto de mis decisiones como de mi disposición a permitir que el proceso actúe y deje su propia huella.

Mi obra es la huella en color de ese diálogo entre control y entrega.