Mi práctica parte de una pregunta sobre aquello que nos atraviesa y deja huella.

Trabajo desde la relación entre el mundo interior y el entorno, explorando la pintura como un espacio donde cuerpo, percepción, materia y naturaleza se afectan mutuamente. Me interesan aquellos estados difíciles de contener o nombrar una emoción, una transformación interna, la experiencia de un paisaje y la posibilidad de que la pintura los haga visibles sin necesidad de representarlos.

La naturaleza ocupa un lugar central en mi trabajo, no como imagen, sino como experiencia. El cielo, la luz, el color y las transformaciones del paisaje modifican mi percepción y se incorporan al proceso pictórico. Pinto desde lo que observo, pero también desde aquello que la observación transforma en mí.

Mi proceso oscila entre intención y entrega. Tomo decisiones sobre color, gesto y materia, para después permitir que el agua, la gravedad, el tiempo, las superficies y el propio comportamiento de los materiales continúen la obra. Me interesa desplazar el control y permanecer atenta a lo que emerge: aquello que no podría haber imaginado ni producido completamente por voluntad.

Entiendo la pintura como una impresión: no la representación de una experiencia, sino la huella que queda después de atravesarla.

En ese territorio entre lo interno y lo externo, entre acción y acontecimiento, busco crear condiciones para que algo aparezca.

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